Una de las costumbres mas arraigadas del género humano es señalar como propio aquello que le pertenece (y en ocasiones también lo que no le pertenece). Al marcar con su nombre las cosas, el propietario simplemente está indicando que existe un dueño, evitando así confusiones en cuanto a su legítima pertenencia. Siguiendo esta costumbre no es de extrañar que los libros, como objetos de valor que son, sean firmados por sus dueños o señalados por cualquier marca de posesión. La propiedad de los libros se manifiesta mediante anotaciones manuscritas, por el superlibris o mediante los exlibris. Los exlibris, herederos del superlibris, son unas hojas de papel impreso que se adhieren en el interior de la cubierta del libro, indicando la pertenencia del mismo a una determinada persona o biblioteca. En un exlibris intervienen generalmente tres elementos: La locución latina "ex libris" o "ex bibliotheca". El nombre del propietario. Un dibujo, simbólico o alegórico, que tiene relación con el propietario. En ocasiones se incluye también una leyenda o lema que acompaña al elemento figurativo de la composición. .